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PRINCIPIO BÍBLICO SOBRE EL SOSTENIMIENTO ECONÓMICO
DE LOS MINISTROS

¿POR QUÉ COBRAMOS?

Una explicación bíblica sobre el sostenimiento económico de quienes dedicamos nuestro tiempo al ministerio

PRINCIPIO BÍBLICO

Es bíblico que los pastores, ministros y aquellos que se dedican al trabajo del ministerio reciban sustento económico por su labor. De hecho, las Escrituras enseñan que quienes trabajan en las cosas espirituales tienen derecho a recibir sustento material de aquellos a quienes sirven.


El ministro no debe ejercer su ministerio por amor al dinero ni buscar ganancias deshonestas. Sin embargo, recibir una remuneración legítima por su trabajo no contradice la enseñanza bíblica; está expresamente reconocido en ella.


Por lo tanto, afirmar que un pastor o ministro debe necesariamente trabajar sin recibir remuneración no tiene fundamento bíblico.
 

Un ministro puede, por decisión personal, renunciar voluntariamente a ese derecho, como en determinadas circunstancias hizo el apóstol Pablo. Pero una decisión voluntaria no debe convertirse en un mandamiento que la Escritura no establece.


La cuestión bíblica no es si el ministro puede recibir sustento, sino si está sirviendo por amor a Dios y a su pueblo, o por amor al dinero.

📖 FUNDAMENTO BÍBLICO

Este principio se encuentra respaldado por los siguientes textos de las Escrituras:

1 Corintios 9:4–14
1 Timoteo 5:17–18
Lucas 10:7
Mateo 10:10
Gálatas 6:6
2 Corintios 11:8–9
Hechos 18:3
1 Pedro 5:1–3

¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA?

11. QUIENES TRABAJAN EN EL MINISTERIO TIENEN DERECHO A RECIBIR SUSTENTO


En 1 Corintios 9:11, Pablo establece un principio muy claro: si alguien siembra cosas espirituales en la vida de otros, es razonable que reciba de ellos cosas materiales.

Y en el versículo 14 llega todavía más lejos: Pablo explica que el Señor estableció que quienes anuncian el evangelio vivan del evangelio.

Por lo tanto, el sostenimiento económico del ministerio no es una invención moderna ni una concesión hecha por una cultura determinada. Es un principio que encontramos en el Nuevo Testamento.
 

2. La Biblia habla explícitamente del salario del trabajador


Jesús dijo:

“El obrero es digno de su salario.”
— Lucas 10:7

 

El principio aparece nuevamente en Mateo 10:10.

El ministerio cristiano requiere tiempo, preparación, estudio, enseñanza, acompañamiento, organización y servicio. Cuando una persona dedica una parte importante de su vida a realizar ese trabajo, la Biblia no establece que deba necesariamente hacerlo sin recibir sustento.


3. Pablo enseña que quienes enseñan merecen reconocimiento y sustento


En 1 Timoteo 5:17–18, Pablo habla de los ancianos que trabajan en la predicación y la enseñanza y los considera dignos de especial honor.

Inmediatamente después utiliza nuevamente el principio:

“Digno es el obrero de su salario.”

El texto vincula directamente el trabajo ministerial con el derecho a recibir sustento.


4. Pablo trabajó con sus propias manos


Es cierto que Pablo trabajó haciendo tiendas (Hechos 18:3).

Pero esto no demuestra que los ministros deban trabajar gratuitamente.

Al contrario, en 1 Corintios 9, Pablo explica que tenía el derecho de recibir sustento por su ministerio, pero que en determinadas circunstancias decidió voluntariamente no ejercer ese derecho para evitar poner obstáculos al evangelio.


Esto es importante:

Renunciar voluntariamente a un derecho no convierte ese derecho en algo antibíblico.

¿SIGNIFICA ESTO QUE EL MINISTERIO PUEDE CONVERTIRSE EN UN NEGOCIO?

No.


La misma Biblia que reconoce el derecho del ministro a recibir sustento también condena claramente la avaricia, la explotación y el uso del ministerio para obtener ganancias deshonestas.


Pedro instruye a los líderes de la iglesia a servir “no por ganancia deshonesta” (1 Pedro 5:2).

Por eso debemos distinguir dos cosas que a veces se confunden:

Recibir sustento por el trabajo ministerial no es lo mismo que convertir el ministerio en un negocio para enriquecerse.
 

Un ministro puede recibir legítimamente sustento por su trabajo y, al mismo tiempo, estar obligado delante de Dios a ejercer su ministerio con integridad, generosidad y amor por las personas.


¿Y POR QUÉ NUESTROS SEMINARIOS TIENEN UN COSTO?


Nuestros seminarios requieren preparación, estudio, tiempo, organización, espacio físico y dedicación.


El precio de $200 MXN por persona busca hacer posible que podamos continuar ofreciendo estos seminarios de manera sostenible y, al mismo tiempo, mantenerlos accesibles para quienes desean participar regularmente.

No presentamos el costo como un requisito para comprar una bendición de Dios, ni como un precio por recibir el favor de Dios.


El propósito de nuestros seminarios es enseñar, formar, ayudar a comprender y acompañar a las personas en su búsqueda de respuestas y crecimiento espiritual.

Y creemos que quienes dedican su tiempo y trabajo a este propósito pueden recibir legítimamente sustento por su labor, conforme a los principios establecidos en las Escrituras.


UNA ÚLTIMA DISTINCIÓN

No creemos que un ministro tenga que demostrar que es genuino viviendo en pobreza, rechazando cualquier remuneración o renunciando a las necesidades normales de la vida.

La pobreza no es una prueba de fidelidad ministerial, así como la riqueza tampoco es una prueba de bendición o aprobación divina.


La medida bíblica es otra:

¿Es fiel a las Escrituras?
¿Sirve a las personas?
¿Actúa con integridad?
¿Evita la avaricia y la explotación?
¿Busca la gloria de Dios y no su propio enriquecimiento?

Esas son las preguntas que debemos hacer.


No pedimos que nadie nos crea simplemente porque nosotros lo afirmamos.

Invitamos a cada persona a estudiar cuidadosamente las Escrituras para descubrir la verdad que Dios ha revelado en ellas, no para imponer sobre ellas nuestras propias ideas.


Basado en los siguientes versículos bíblicos:

Números 18:21–32 · Deuteronomio 18:1–8 · Levítico 6:16–18 · Levítico 7:28–36 · 2 Crónicas 31:4–19 · Nehemías 13:10–14 · 1 Corintios 9:4–14 · 2 Corintios 11:8–9 · Gálatas 6:6 · 1 Timoteo 5:17–18 · Mateo 10:10 · Lucas 10:7 · 2 Tesalonicenses 3:7–9 · Filipenses 4:10–18 · 1 Pedro 5:1–3

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